Tratamiento del agua de riego para corregir el pH, la alcalinidad y la dureza

La calidad del agua de riego es un aspecto crítico, algo que está directamente relacionado con la producción de los cultivos. Por eso, resulta imprescindible (antes de hacer cualquier otra inversión) disponer de un análisis de agua, realizado por un laboratorio especializado, con el que se pueda evaluar, tanto su idoneidad, como los tratamientos correctivos que pudieran hacer falta para mejorarla.

Para entender todo esto, vamos a repasar en este artículo los principales factores que interesa controlar en el agua de riego y qué se puede hacer para corregir determinados inconvenientes. Por ejemplo:

  1. Influencia del pH del agua sobre los cultivos.
  2. Qué grado de alcalinidad conviene.
  3. Dureza del agua de riego.
  4. Qué efectos tiene la Conductividad Eléctrica del agua.
  5. Por qué se emplean ácidos para acondicionar el agua de riego.
  6. Qué ácidos se utilizan para ajustar las aguas de riego.

Relacionado con lo anterior, también te puede interesar saber cómo comprobar la calidad del agua que vayas a emplear o estés utilizando.

Causas y efectos que condicionan la calidad del agua

El agua de mala calidad puede ser la responsable del crecimiento lento del cultivo, consigue reducir la eficacia del abonado, puede provocar obstrucciones en el sistema de riego y, en casos extremos, hacer totalmente inviable el desarrollo de las plantas.

Influencia del pH del agua

Al igual que sucede con el pH del suelo, un valor alto (mayor a 7.0) puede reducir la disponibilidad de diversos metales y micronutrientes. Lo que conlleva síntomas de deficiencia nutritiva en las plantas. El pH alto suele ir acompañado de una alta alcalinidad. Los problemas de pH alto se pueden corregir mediante la inyección de ácido o, en determinados casos, empleando un fertilizante ácido.

Con menor frecuencia, un pH bajo (inferior a 5.0) puede dar como resultado altos niveles tóxicos de metales como hierro y manganeso. Generalmente, se encuentra en combinación con una baja alcalinidad. Los problemas de pH bajo se pueden corregir empleando fertilizantes de tipo básico o suplementando el aporte de calcio al medio de cultivo.

Influencia de la alcalinidad

El rango ideal de alcalinidad total es aproximadamente de 30 a 100 mg/L, pero niveles hasta 150 mg/L pueden ser adecuados para la mayoría de las plantas.

Una alcalinidad alta, por encima de 150 mg/L, tiende a ser problemática porque puede conducir a un pH elevado del medio de crecimiento. Lo que se traduce en diversos problemas con el aporte de nutrientes. Por ejemplo: deficiencias de hierro y manganeso, o desequilibrios de calcio y magnesio.

Dureza del agua

La dureza está determinada por el contenido de calcio y magnesio del agua. Dado que el calcio y el magnesio son nutrientes esenciales para las plantas, los niveles moderados de dureza entre 100 y 140 mg/L se consideran ideales para el crecimiento de las plantas.

Las altas concentraciones de dureza, por encima de 150 mg/L, interfieren de la siguiente forma:

  1. Se irán acumulando en todas las superficies de contacto.
  2. Comenzarán a taponar cualquier tipo de goteros de riego.
  3. Seguirá con la valvulería eléctrica.
  4. Continuará finalmente con las válvulas manuales, las líneas de riego y el resto de las tuberías.

Contenido de calcio

Los niveles de calcio, por debajo de 40 mg/L, normalmente necesitarán la adición de fertilizantes correctores de calcio para prevenir su deficiencia.

Por el contrario, los niveles altos de calcio, por encima de 100 mg/L, originan deficiencias de fósforo y/o magnesio. Los niveles altos de calcio también provocarán la obstrucción de los sistemas de riego por goteo. Lo que se debe a la formación de incrustaciones de carbonato cálcico (CaCO3) y otros compuestos que se precipitan en el agua.

Conductividad eléctrica del agua de riego

La conductividad (CE) es una medida de la corriente eléctrica transportada por las sustancias disueltas en agua, también conocida como presencia de sales solubles o salinidad.

A medida que se disuelven más sales, el agua conducirá mejor la electricidad, lo que dará como resultado una lectura de conductividad más alta. La conductividad generalmente se expresa en decisiemens por metro (dS/m) a 25ºC, aunque todavía se emplea su equivalente milimhos/cm (mmhos/cm). En el siguiente enlace puedes ver una tabla con diversas unidades de medida de conductividad y la equivalencia entre ellas.

Los niveles elevados de conductividad en el agua pueden afectar, tanto al crecimiento, como al enraizamiento de las plantas. Lo que, además, acarrea un desequilibrio de nutrientes y problemas de absorción de agua.

Para evitar problemas por exceso de sales, el agua cruda (antes de la adición de fertilizantes) debe estar por debajo de 1,5 mmhos / cm para la mayoría de las condiciones de cultivo. Por el contrario, una conductividad del agua cruda por encima de 3 mmhos / cm, cabe esperar que cause efectos severos y muy negativos para el crecimiento de las plantas.

El tratamiento del agua con alta conductividad generalmente requiere su dilución con otra fuente de agua de menor conductividad (por ejemplo, agua de lluvia) o tratamientos avanzados de desalinización, por ejemplo, mediante ósmosis inversa.

Ajustes de pH, alcalinidad y dureza del agua con ácidos

El empleo de ácidos resulta una excelente herramienta para ejercer un control sobre el pH, la alcalinidad y el exceso de dureza. Algo que, combinado con la adecuada gestión del riego, por ejemplo, en aguacate, o para las plantas de lichi, terminará siendo un factor esencial con el que conseguir el adecuado desarrollo del cultivo y su esperado rendimiento en producción..

Una vez que se entiende el papel que juegan estos elementos, el agricultor puede decidir cómo controlar su efecto sobre el cultivo. Lo que, en el ejercicio ordinario de la actividad, se lleva a cabo dosificando ácidos. Esto es, mediante el empleo de bombas inyectoras de ácido (con su sonda de pH) y conectadas al sistema de riego.

Además, la posibilidad de disponer de medios de medición de pH y conductividad independientes también resulta francamente útil. Algo que, en la práctica, nos permite llevar un registro exacto con el que anticiparnos para corregir posibles desajustes.

Qué ácidos se emplean para adecuar el agua de riego

La decisión sobre qué ácido emplear depende de diversos factores, entre ellos:

  • Los nutrientes adicionales que se aportan a la planta.
  • El coste del producto.
  • La seguridad de empleo.
  • Las posibilidades de suministro.

Los ácidos más comunes que se utilizan para ajustar el pH y reducir la alcalinidad del agua suelen ser los ácidos: sulfúrico, nítrico, fosfórico y cítrico.

  1. Ácido sulfúrico. Proporciona azufre en forma de sulfato, lo que es necesario para las plantas y, a menudo, escaso en las fuentes de agua y los programas de abonado. Así, aunque se emplee una alta tasa de ácido sulfúrico no suele causar ningún problema en el cultivo. Dado que la concentración necesaria para ajustar el pH queda por debajo del rango normal recomendado, para el azufre (sulfato), entre 25 y 60 ppm de azufre.
  2. Ácido nítrico. Este ácido añade nitrógeno en forma nítrica al cultivo (habitualmente es lo que utilizamos en las plantaciones en Málaga). Según la cantidad que se emplee, conviene reducir posteriormente la dosis de nitrógeno que se aporte con los fertilizantes. Lo que también se puede conseguir utilizando abonos con una menor proporción de nitrógeno con respecto a potasio, por ejemplo, del tipo. 2-2-7, 15-5-25, 0-10-13, etc.
  3. Ácido fosfórico. Las tasas más altas de aplicación de este ácido pueden proporcionar más fósforo del que necesita el cultivo. El fósforo adicional no producirá daños, pero puede provocar una ralentización del crecimiento. Si se usa ácido fosfórico, puede ser conveniente emplear un fertilizante sin fósforo.
  4. Ácido cítrico. Suele ser el menos utilizado, dado que tiene un poder acidulante muy bajo. Tampoco aporta ninguna cantidad significativa de ningún nutriente.

Consejos para la mezcla y aplicación de ácidos

Cuando se emplea la inyección de ácido en el agua de riego, conviene hacerlo justo antes del punto de inyección de abonos. Lo que sirve para optimizar la solubilidad de los fertilizantes que también se introducen en el sistema. Por otra parte, el agua acidulada resulta útil para la preparación de mezclas de fertilizantes.

Aunque se pueden emplear en su forma concentrada, siempre es preferible diluir los ácidos en agua. Esto hará que el sistema de inyección trabaje de manera más uniforme para ajustar el pH. Lo que resulta de no introducir cambios bruscos, debidos a la alta concentración de ácido en el punto de inyección. Por último, en cuanto a la forma de hacer la disolución, primero se pone el agua y luego el ácido (nunca al revés).

Por seguridad, el empleo de ácidos se deber manejar con cuidado, evitando el contacto con la piel o los ojos, ya que pueden causar irritación o incluso quemaduras leves. Es recomendable usar material de protección adecuado.

Referencias

Interpretación de las pruebas sobre aguas de riego. Bryan Swistock, PennState Extension
Water Quality for Crop Production, University of Massachusetts Extension